lunes, 21 de febrero de 2011
sábado, 26 de septiembre de 2009
Palabras al viento. La vanguardia
lunes, 7 de septiembre de 2009
Amores Reales - Cuento - Óscar Zazo
Por aquel tiempo la voluntad de las personas no contaba, y mucho menos las opiniones o los gustos, por lo menos los míos.
Me aburría la corte, pero allí me encontrada merced a los esfuerzos, intrigas y sobornos, que con tanta dedicación, entretejiera mi padre hasta conseguir hacerme cortesano.
Por mi propensión innata a la pereza y mi natural desinterés por las cosas, no fueron pocos los palos y castigos de los que me hice acreedor, al parecer con sobrada razón, hasta que consiguieron meterme en la mollera modales y protocolos necesarios para el desenvolvimiento en la corte. Tampoco tuve nunca prejuicios ni lastres de conciencia que menoscabaran mi dignidad, tales como orgullo, lealtad o vanidad. De manera que a la postre lograron convertirme en un cortesano joven, apuesto y ahora refinado.
Y me habría ido bien, de no ser por una serie de acontecimientos en los que me vi, involuntariamente envuelto.
Todo empezó el día en que, a pesar de mis disimulos, su regia majestad puso los ojos en mí, sabría Dios con qué intenciones.
Una tarde a la salida de palacio una dama de compañía de la reina puso en mis manos un “billete real” con instrucciones precisas. Se trataba de una cita secreta con su alteza aquella misma noche. Recomendaba máxima discreción, “so pena de muerte” pensé yo, con los más lúgubres augurios.
Lleno de aprensión, acudí a la cita entrando a palacio por las caballerizas, desde donde la dama de marras, me condujo a una recámara. Allí permanecí solo durante interminables minutos hasta que de improviso apareció la reina.
Rodilla en tierra incliné la cabeza – Majestad…
- Vamos al grano, - escuché perplejo – estáis aquí para hacer un servicio a vuestra reina.
- ¡Siempre majestad!- manifesté raudo - Pedid la luna y al punto removeré cielo y tierra para ponerla a los pies de vuestra merced. – Y añadí aun a riesgo de excederme en mi actitud pelota y servil – Podéis confiar a muerte, que vuestro súbdito y seguro servidor derramará hasta la última gota de su sangre…
- Dejad ya de decir sandeces, majadero, - atajó la reina - e iros desnudando que tengo poco tiempo – escuché con estupor
- Pero majestad…
- Ni majestad ni gaitas, estáis aquí para llevar a cabo lo que el rey no puede o no quiere hacer, y espero quedar satisfecha de vuestros oficios, que no son otros que preñarme lo antes posible por vuestro bien, por el mío y por el de la corona. Que para la descendencia siempre será mejor un discreto bastardo que el escándalo de una impotencia manifiesta. Y ¡ay! de vos si vais sobrado de lengua y flojo de verga como el inútil de vuestro rey… así es que basta de palabrería y al tajo.
Mucho miedo y poca experiencia no eran buenos aliados para acometer tamaña empresa. Aún así, me puse a ello diligente. Fue tal vez, mi condición de mozarrón saludable, lo que aportó brío suficiente para obviar ciertas trabas que obstaculizaban el buen desenvolvimiento de la tarea encomendada, a saber: primero, incisivo e hiriente tufo sobaquero. Segundo, abundante y tupida pelambre púbica, que por un buen rato despistó mi desentrenado sentido de la orientación.
Sea como fuere, y a pesar de mi torpeza como amante, esa noche y otras posteriores, cumplí a duras penas lo convenido como obediente y discreto donante de “mascadas”. Eso si, esgrimiendo como atenuante en mi defensa, la presión y, por qué no decirlo, el miedo que infundían durante el acto sus descalcificaciones y amenazas.
En el fondo de una mazmorra, encadenado en prisión preventiva, dijeron, recordé a no se qué imbécil cortesano diciendo eso de “no hay acción sin reacción”, y allí estaba yo tratando de desenmarañar eso de las causas y los efectos, temiendo, con buen criterio, que preñada o no la reina, ya mi cabeza, por no nombrar otras partes de mi anatomía, no valía nada.
Voces autoritarias rompieron el silencio de la madrugada despejando del todo mi duermevela. Cuando sonó el cerrojo de mi celda temí lo peor. El rey en persona ordenaba al guardia y al resto de la comitiva que le dejaran entrar solo. Mis ojos acostumbrados ya a la penumbra percibieron nítidamente un ceño fruncido y una mirada de gravedad inquietante. En cuanto sonó el portazo, el monarca avanzó hacia mi rincón con paso lento pero decidido. Yo me incorporé como pude y él se detuvo a escasa distancia, como sopesando lo que estaba a punto de hacer. Sus mandíbulas se tensaron y su barbilla tembló visiblemente. Entonces… me abrazó y lloró con gran congoja. Al poco su mano se deslizó hasta mi trasero y lo apretó con ganas. Involuntariamente se dibujó en mi rostro una casi imperceptible sonrisa de suficiencia.
lunes, 8 de junio de 2009
Rompiendo Filas - Óscar Zazo (poema)
( La pasajera del San Carlos. A. Pérez-Reverte.)
¨Soldao¨ de la vieja guardia
romántico sin remedio
me vieron en el asedio
cara al viento y en vanguardia
Espada y alma en lo alto
el amor en bandolera
con su nombre en mi bandera
quise tomarla al asalto
Cuestión de acoso y derribo
poco riesgo, cosa hecha
mi montura bien pertrecha
mi corazón muy altivo
El amor curioso juego
alma serena, pie firme
antes morir que rendirme
primera línea de fuego
Quise firmar armisticio
al tenerla frente a frente
la derrota era evidente
y saber perder va de oficio
Algunos ojos de mujer
hacen saltar las alarmas
(y) tomes o depongas armas
llevas siempre las de perder
Ya caían mis defensas
sin la más mínima intención
de evitar una rendición
sin considerar la ofensa
Su sonrisa y su cabello
me dejaron indefenso
presa de un dolor intenso
mientras tocaba “a degüello”
Batiéronse en retirada
mi ilusión y mi arrogancia
con más prisa que elegancia
como tropa en desbandada
Bandera blanca hecha harapos
yo ya estaba de su lado
ya, cautivo y desarmado
y ella tocando ¨ arrebato¨
Rompo filas convencido
que en la próxima andanada
quisiera que se encontrara
en la trinchera conmigo
Enfrentar armas de mujer.
riña cruel y canalla
lucha en desigual batalla
que se termina por perder
En la guerra y en el amor
conviene mentalizarse
(que) pueden las cosas tornarse
cambiando de mal a peor.
miércoles, 3 de junio de 2009
Días de lluvia - Óscar Zazo
La belleza bucólica del cielo gris,
ni el relativo brillo que la lluvia deja
en las hojas, en los tejados o en el asfalto.
No debería ser tan triste
el olor a sumisa tierra mojada,
que me transporta a otros tiempos,
ni el sonido monótono
de las gotas contra el tejado
que llega a mis oídos
como una melodía decadente
con sabor a vieja canción.
No debería ser tan triste
mi fijación distraída en la gota
que perezosamente baja
por el cristal de mi ventana,
ni tampoco, el esperar lánguidamente
a que las sombras lo invadan todo
permitiendo ya solo intuir
los tonos grises color de lluvia.
No debería ser tan triste,
pero en los días lluviosos,
los sonidos, los olores y los colores
solo me hablan de ausencias
que se bebieron mi alma.
martes, 21 de abril de 2009
Invitación de Oscar Zazo
Por medio de esta misiva, se comunica a los distinguidos miembros del Grupo Jueves Literarios de Sosua (tendente a la canalla poética y a otras actividades afines de utilidad y moralidad dudosa), que a partir de este jueves 8 de enero, a las 10 p.m. en punto pasadas, recuperan su condición de contertulios, con derecho a leer textos ajenos y aún los propios, a escuchar estóicamente, a repetir los chistes de siempre, e incluso a opinar sin riesgo a las represalias.
Tan selecto grupo mantendrá la dirección social habitual (la primera mesa de la derecha del bar P.J´s) que previsiblemente continuará estando amenizado con el trasiego de trabajadoras nocturnas, y las melodías de tres bares adyacentes, aderezado con los entrañables escapes de los motoconchos.
Sin otro particular y esperando contar con la inestimable presencia de todos, me despido muy atentamente.
P.D. Se aconseja que alguno de los miembros traiga "posibles" por si acaso falta Moisés.
Llamado a las reuniones. Enero 2009
viernes, 13 de marzo de 2009
Jueves Literarios - Óscar Zazo
JUEVES LITERARIOS
Encuentros amenos y distendidos donde no son necesarios ni orden del día ni turnos de palabra.
Extrañamente, nadie se interrumpe, ni lucha por hacer prevalecer criterios a base de levantar la voz; y lo que es mejor, no hay ningún fatuo, pesado o petulante que trate de lucirse monopolizando las reuniones.
Son espontáneas. Se puede disertar sobre teología, dar cuenta de un buen cocido o contar chistes ingeniosos para terminar, por inercia, hablando de libros, autores o tendencias.
Cada asistente aporta contenido literario, por que cada quien tiene un estilo, un criterio y una visión propia que en general enriquecen la charla
Recomendaciones o intercambios, lectura de cuentos, ensayos, fragmentos de novela, artículos, poesía de verso libre o de rigor métrico quevedesco. Lenguajes llanos o exquisitos, crudos o sublimes. Orgía de metáforas, bacanal de sarcasmos, resaca de desamores y lluvia de soledades.
Críticas lejos del elogio, nunca ofensivas ni desalentadoras. Sinceros reconocimientos. Matices, discrepancias, opiniones diversas, a veces convergentes, a veces encontradas. Siempre constructivas.
En el aire flota cierta bohemia. Se ve a la legua si alguien acaba de conseguir dinero por la vehemencia para querer invitar. Los ojos chispeantes y risueños delatan “los posibles”. En otras ocasiones, la repentina astenia de algún contertulio, también delata la ausencia del “vil metal”. Pero al final, nadie pasa sed.
No parece existir el pudor, ni para opinar, ni para permanecer en silencio, lo que permite practicar el bello arte de la oratoria y la exquisita virtud de escuchar.
Hay personas empeñadas en etiquetar a Sosúa como lugar de moralidad dudosa, pues bien hay otros ambientes; Y para mi ha constituido una insospechada paradoja y de paso un lujo que en este rincón del mundo exista un grupo de escritores que, en algunos casos derrochen como si nada vastos conocimientos literarios, en otros un innegable talento creativo y en no pocas ocasiones, conjuguen ambos alegremente.
Si la fortuna le sonriera a alguno de los miembros, la parcela de gloria que le corresponda será bienvenida por todos, pero mientras, seguiremos aprendiendo, creciendo y sobretodo disfrutando de compartir nuestra pasión. Los libros.